UNA VUELTA.
Vuelta. Es una palabra verdaderamente cambiante de sentido. En los bares te dan la vuelta y en otros casos te la das tú. Soy de una familia de muchos hermanos. Todos mayores que yo, salvo dos. Desde que era pequeño recuerdo a uno de ellos, de los mayores, que cada vez que salía decía “voy a dar una vuelta”. ¿Una vuelta a la manzana?, ¿una vuelta al bario?, ¿qué vuelta? Debía ser una vuelta muy grande -- ¿a la ciudad? – porque siempre duraba mucho, mucho tiempo. Es más casi siempre yo ya estaba dormido cuando volvía de dar su vuelta. Desde entonces también doy muchas vueltas. Es recurrente, facilón y sin grandes repercusiones decir que te vas, que no sabes a dónde vas, que te quieres ir hasta no se sabe qué hora, y que te vas a dar una vuelta, concepto que resume otros muchos que no es momento de aclarar aquí. Irse a dar una vuelta es algo primitivo. Es como salir a olfatear el terreno y seguramente a marcar alguna esquina, a explorar los bosques o a ver el estado de mar. La vuelta tiene también un significado elíptico. Siempre se vuelve. No se va uno a dar una vuelta y aparece cinco años después en una isla del Caribe, o en Colombia. Eso es “ir a por tabaco”. Cuando dices que te vas a dar una vuelta el concepto tiene, siempre, siempre, un significado de retorno. ¿Y la duración de las vueltas? Ya he dicho que las de mi hermano podían durar hasta el amanecer, claro que él era mayor, yo pequeño, y mi madre le consentía todas las vueltas que quisiera. Pero puede ocurrir que la vuelta fracase en la primera esquina, que de repente se tengan deseos de volver inmediatamente y entonces su duración será ridícula. Puede ocurrir que en la primera fase de la vuelta uno se sienta a gusto, muy a gusto, el aire, el mar, los amigos, la cerveza, los pinos, y entonces la vuelta se prolongará indefinidamente, pero siempre volviendo al punto de partida. Insisto, el retorno forma parte del significado. La vuelta puede ser de tipo medio. Uno se aburre en ese primer tramo y cambia el rumbo y vuelve. Pero no es el volver del primer caso que es repentino. Ahora se vuelve como a la media hora o a los tres cuartos de hora. Una vuelta en condiciones no tiene horas. Puede ser de cinco minutos, repentinas ganas de volver, o menos, o de seis horas, a gusto, muy a gusto, o más. La vuelta. ¡Ese concepto tan socorrido, tan justificado, tan amplio y tan necesario! Mejor me voy a dar una vuelta.
Vuelta. Es una palabra verdaderamente cambiante de sentido. En los bares te dan la vuelta y en otros casos te la das tú. Soy de una familia de muchos hermanos. Todos mayores que yo, salvo dos. Desde que era pequeño recuerdo a uno de ellos, de los mayores, que cada vez que salía decía “voy a dar una vuelta”. ¿Una vuelta a la manzana?, ¿una vuelta al bario?, ¿qué vuelta? Debía ser una vuelta muy grande -- ¿a la ciudad? – porque siempre duraba mucho, mucho tiempo. Es más casi siempre yo ya estaba dormido cuando volvía de dar su vuelta. Desde entonces también doy muchas vueltas. Es recurrente, facilón y sin grandes repercusiones decir que te vas, que no sabes a dónde vas, que te quieres ir hasta no se sabe qué hora, y que te vas a dar una vuelta, concepto que resume otros muchos que no es momento de aclarar aquí. Irse a dar una vuelta es algo primitivo. Es como salir a olfatear el terreno y seguramente a marcar alguna esquina, a explorar los bosques o a ver el estado de mar. La vuelta tiene también un significado elíptico. Siempre se vuelve. No se va uno a dar una vuelta y aparece cinco años después en una isla del Caribe, o en Colombia. Eso es “ir a por tabaco”. Cuando dices que te vas a dar una vuelta el concepto tiene, siempre, siempre, un significado de retorno. ¿Y la duración de las vueltas? Ya he dicho que las de mi hermano podían durar hasta el amanecer, claro que él era mayor, yo pequeño, y mi madre le consentía todas las vueltas que quisiera. Pero puede ocurrir que la vuelta fracase en la primera esquina, que de repente se tengan deseos de volver inmediatamente y entonces su duración será ridícula. Puede ocurrir que en la primera fase de la vuelta uno se sienta a gusto, muy a gusto, el aire, el mar, los amigos, la cerveza, los pinos, y entonces la vuelta se prolongará indefinidamente, pero siempre volviendo al punto de partida. Insisto, el retorno forma parte del significado. La vuelta puede ser de tipo medio. Uno se aburre en ese primer tramo y cambia el rumbo y vuelve. Pero no es el volver del primer caso que es repentino. Ahora se vuelve como a la media hora o a los tres cuartos de hora. Una vuelta en condiciones no tiene horas. Puede ser de cinco minutos, repentinas ganas de volver, o menos, o de seis horas, a gusto, muy a gusto, o más. La vuelta. ¡Ese concepto tan socorrido, tan justificado, tan amplio y tan necesario! Mejor me voy a dar una vuelta.

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